domingo, noviembre 14

Crisis

Este mes, una vez más, voy fatal. Además, mañana tendría que pagar el seguro del coche. Sin contar que, como todos los meses, tengo el alquiler del apartamento y que girarle a Susana la pensión por el niño. La luz y el teléfono. Y solo me ingresarán el paro el día 10. Los 1.165,72 euros no me durarán ni un día. Nadie me ha contestado a los cerca de 300 currículos que he enviado. Las empresas de trabajo temporal tampoco me dicen nada. ¡Qué asco!
- Enjuáguese.

Bueno, sí, está esa que me ha ofrecido nueve días de vigilante en un supermercado de 6 a 9 de la mañana por 189 euros para los nueve días y van, encima, y me llaman para decirme que se ha aplazado todo y que ya me llamarán. ¡Son unos vivos!
- Enjuáguese.

Me tendría que comprar algo de ropa. A según qué entrevistas, si me llamaran, no puedo llevar la ropa que tengo. Está anticuada y desgastada. Cuando cobre me daré una vuelta por el mercadillo a ver qué veo. Al menos estará nueva.
- Enjuáguese.

De vendedor de más de 40 viviendas al año, al paro puro y duro. ¡Casi dos años en el paro! Ya no puedo ni ponerle gasolina al coche. Ahí está en la calle, pudriéndose de polvo y de arañazos. ¡Qué asquito!
- Enjuáguese.

Y a este, ¿cómo le digo yo ahora a este que no le puedo pagar los 38 euros por la muela que me acaba de arrancar y que me estaba matando? Creo que voy a gritar.
- Enjuáguese y escupa.



Por Víctor Pérez - © 2010 en adelante
A veces, parece que sacando la lengua se puede superar mejor ciertas dificultades.

5 comentarios:

Aire__Azul dijo...

Hola, Víctor,

Un cuento corto y muy eficaz. Me ha gustado mucho, tanto por el tema que por la elección de la situación y del lugar. El consultorio del dentista trae siempre malos recuerdos y oscuros pensamientos a uno. Y los que acorralan al protagonista son muchos. Sin embargo, él no se apiada de su destino e intenta seguir pensando en positivo, tanto como pueda, lo que no es nada fácil en su situación y que representa un esfuerzo meritorio. Más bien su grito final es un grito de desahogo, tanto por el dolor presente que por la acumulación de problemas y decepciones que se resumen en uno: el paro. Hay tanta gente que viven lo mismo que sobran las palabras para indignarse de la situación que le toca.

La orden repetitiva del especialista puntúa el texto con cierta austeridad, lo que viene bien aquí, para hacernos percibir con aún más agudez la cruel situación.

Me ha gustado mucho ver como manejas la narración en primera persona, como cuando el personaje elabora el balance de su situación que consiste en una lista no exhaustiva de deudas, de precaridad y proyectos sin acabar.

Muchas gracias por esta lectura interesantísima y este tono siempre un poco irónico que caracteriza mucho de tus escritos.

Un saludo y un abrazo de amiga.

Víctor Pérez Pérez dijo...

Muchas gracias, Aire Azul, por tu generosidad. Como siempre, da gusto escribir para lectores como tú.
Otro abrazo,
Víctor

Aire__Azul dijo...

El placer fue mío, Víctor. A ti, gracias por este relato tan finamente escrito. De veras, me ha gustado muchísimo.

Rober dijo...

Hola, creo todo lo contrario. El dentista escucha a su paciente con desdén; el "enjuáguese y escupa" es perfecto para terminar el diálogo: ámbos monólogos están bien elaborados. Sin duda, la diferencia de clases es evidente; una persona que no llega a los 1200 euros mensuales y un odóntologo, que lo debe quintuplicar. ¿Qué necesidad tiene de preocuparse más que por la muela de su paciente?.
"Enjuáguese, escupa y váyase".
Muy bueno.
Desde Buenos Aires, Argentina.
Roberto.

Víctor Pérez Pérez dijo...

Gracias por tus palabras Roberto.
¡Ya me hubiese gustado darle al diálogo ese giro que comentas si no fuese porque con un dentista es imposible dialogar mientras trabaja! Dejaremos que el lector lo imagine...
Un saludo