viernes, marzo 26

El precio de la pasión

Bajó del tren y vio que, a lo lejos, destacando su hermosa melena morena entre la multitud, ella le estaba esperando. Sin pensarlo dos veces soltó las maletas y, abriéndose paso entre el gentío, salió corriendo a su encuentro. Hacía más de tres meses que, por cuestiones de trabajo, había estado fuera de casa. Se fundieron en un abrazo y él, ajeno a todo lo que les rodeaba, la estrechó fuertemente girando con ella un par de veces. El bullicio se convirtió en murmullo y los avisos de megafonía anunciando trenes de ida y vuelta, de costumbre estridentes y molestos, pasaron casi inadvertidos. Solo oían los latidos de sus corazones, acompasados, al unísono. Y así estuvieron varios minutos, sin pronunciar una sola palabra, como flotando en una burbuja aislada en medio de la multitud. La gente, sonriente, les miraba casi con envidia.
Poco a poco, los viajeros y sus acompañantes fueron desapareciendo del vestíbulo de la estación de tren y las indicaciones de la megafonía dejaron de golpear la cúpula. Quedaron solos.
- Cariño –dijo ella de repente, con la mirada como perdida en la lejanía- debemos ir a la policía.
- ¿A la policía? –exclamó él, alarmado- ¿Y eso por qué?
- Tus maletas han desaparecido.

Por Víctor Pérez - © 2010 en adelante

¿Reencuentro? ¿Despedida? Chi lo sa!

4 comentarios:

Aire__Azul dijo...

Hola, Víctor,

Muy hermosa descripción de la burbuja de cariño y amor en la cual se aisla la pareja.
El contratiempo final parece bastante lleve, respecto al instante de emoción. Puede que sea una alusión al lado más materialista de esta mujer. O será una fantasía mía de ver lo malo en el mínimo rincón...
Quizás puede que sea un poco demasiado descriptivo o explicativo el arranque del cuento, dado que lo que más nos importa es el encuentro y no su vida sin ella. ¡Y qué encuentro! Pero, claro, esto no explicaría el por qué de tantas maletas.

Gracias por compartir aquellos relatos, Víctor. Espero volver a leerte pronto.
Un abrazo de Aire.

Víctor dijo...

Merci, Josiane, pour tes commentaires toujours pertinents et bienvenus!
El contratiempo final no es del todo leve: mucha ropa casi nueva, regalos, ordenador quizá, vete a saber qué había en esas maletas... No muestra el lado materialista de la mujer: se da cuenta porque el vestíbulo estaba vacío y miraba hacia el lugar dónde debían estar las maletas (se supone que vio cómo él las dejó en el suelo y, sin embargo, no pensó en avisarle de que las podía perder).

Creí, en efecto, necesario describir la situación inicial para justificar el abandono de las maletas.

De nuevo, Josiane, gracias por opinar y sobre todo por leerme.

Víctor

gopamurti dijo...

Me ha gustado la descripción de la emoción arrolladora que envuelve a los personajes, abrazándose en una estación de tren, todo un símbolo emocional. Y de golpe, cuando te encuentras casi volando como una cometa en el aire de la felicidad, puf, te ves forzado a tocar de pies al suelo. Ha ha, me ha gustado mucho el contraste interior que he sentido. Gracias por compartir tus relatos. Y espero que encuentren las maletas...

Víctor dijo...

Gracias a ti por leer estos relatos y por comentarlos, gopamurti.
La escena del abrazo es muy agradecida en el sentido de que siempre sale bien.
Con relación a las maletas, solo cabe esperar que el "despistado" que se las llevó las entregara en la sección de objetos perdidos...