viernes, agosto 27

Confursaciones...

De regreso del trabajo, se acomodó en su asiento y entornó los ojos para intentar jugar a su juego diario preferido. A su alrededor, como siempre, varias personas hablaban por teléfono. Ese día tuvo suerte:

- Pues sí, el niño no me come nada.
- ¡Eso lo arreglaría yo con un par de sopapos!
- No, si ya lo intenté pero ni así.
- Tú hazme caso: ésos, ¡solo entienden la mano dura!
- Y además, me tose un poco.
- ¡Si no te atreves tú, me planto allí y verás cómo dejará de toserte!
- ¿Lo harías? No sabes cómo te lo agradecería.
- ¡Solo tienes que decirme cuándo!
- ¿Qué tal mañana sábado a mediodía?
- ¡Allí estaré!
- No olvides traerte el estetoscopio. La comida la pongo yo.
- ¡Ya verás cómo ese bellaco dejará de molestarte!

A veces, en los lugares públicos como los trenes de cercanías, la mezcla de conversaciones telefónicas contiguas puede dar pie a pérfidos malentendidos…

Por Víctor Pérez - © 2010 en adelante

Una de las primeras centrales telefónicas, a finales del siglo XIX.




3 comentarios:

Aire__Azul dijo...

Hola
Verdad que es un juego divertido pensar que se comunican entre sí los que están con el móvil.
Y como no se cortan, es aún más entretenido formar diálogos a menudo improbables entre dos. Éste encaja y creo que es un poco fácil, a mi parecer, pero uno se recrea leyéndolo tanto como al escuchar un chiste. Gracias. Hasta pronto leerte.

Maica dijo...

Hace tiempo que no tomo ningún medio de transporte público, pero si, suelen darse estos casos tan ocurrentes como el que plasma aquí.
Ya ves, pase por tu casa para deleitarme con tus anécdotas y cuentos.

Víctor dijo...

Gracias Aire Azul, gracias Maica, por leer y comentar esta travesura. En los lugares públicos, en efecto, se oye todo tipo de conversaciones, sobre todo en los trenes de cercanías. Ayer, sin ir más lejos, oí a un buen hombre que llamó a grito pelado a varios amigos y amigas para decirles que cumplía 48 años. También llamó a una clienta, Rosa, para preguntarle que cuándo le iba a pagar. Su protesta, acalorada, hizo sonreír a todo el vagón.