martes, julio 6

Compensación…

- ¡Jaja! ¡Si será tonto! Acaba de meter la mano debajo del cortacésped en marcha. ¡Se la debe de haber triturado!
- ¿De quién hablas, querido?
- Del vecino nuevo, ya sabes, el “pupas”.
- ¡Pobre hombre! ¿Estará herido?
- ¡Quita, quita! Hay gente que parece que se las busca. El otro día se electrocutó, ayer se dio un martillazo en un dedo, hoy casi pierde una mano. ¡El infeliz no da una!
- ¡Parece que disfrutas con la desgracia ajena!
- ¡Jaja! Tú siempre tan buena samaritana. Si es que no se puede ser más tonto. ¡Pobre desgraciado! Bueno, me tengo que ir. Ya me contarás si se lo lleva la ambulancia, ¡Jaja! Hasta la noche, querida.
- Adiós, bondadoso.

- Cariño, ¿me puedes decir a qué estás jugando?
- ¡Jaja! ¿Hoy también se lo ha tragado?
- ¡Si hasta casi yo me lo creo!
- ¡Qué ingenuo!
- ¿Así que no te has hecho daño?
- ¡Pues claro que no! Ya sabes que lo hago para compensarle.
- Un día vas a acabar haciéndote daño de verdad, ya verás.
- Tranquila, cariño, todo está bajo control. ¿Nos vemos luego?
- Pues claro. Un beso.
- Un beso.

Por Víctor Pérez - © 2010 en adelante

Sin comentarios...

3 comentarios:

Miszka dijo...

Un tanto inquietante, este relato, Víctor. Me hace pensar en algún cuento de Agota Kristof. Siembras duda, y ésta germina.

Aire__Azul dijo...

Como lo dice Miszka, es un cuanto inquietante este cuento. Me gusta la duda. Parece que sí se compensan una con la otra las dos formas de rarezas, para no decir de locuras. Y en esta compensación, se aniquilan. Gracias por este relato, Víctor.

Víctor Pérez Pérez dijo...

Gracias a vosotros.
Sé que se trata de travesuras extremas pero las travesuras corrientes no levantan pasiones...