lunes, enero 11

De película...

Gonzalo esperaba visita. Había quedado con esa chica para ir a cenar. Hasta ahora solo fueron unos cafés y unas copichuelas. Revisó la habitación única de su pisito: todo estaba en orden. La cama, ancha y a ras de suelo, tenía un cabezal bajo de cuadradillo metálico dorado. Pese a ser de segunda mano, se le antojaba coqueta y prometedora. Sonó el timbre. Se desabrochó dos botones de la camisa y, con cara del James Dean de ‘Rebelde sin causa’, se miró al espejo. Abrió la puerta y ahí estaba ella, apoyada sobre el marco, deslumbrante: chaqueta y pantalones vaqueros ajustados, camisa blanca ceñida y pelo negro suelto. Le recordó a Kim Basinger en ‘Cita a ciegas’ pero en morena. Gonzalo, pese a su experiencia, se sintió turbado.
- Hola, le dijo, poniendo voz de Sean Connery, o, mejor dicho, de Constantino Romero.
- Hola, contestó ella con voz dulce y radiante sonrisa. ¿Estás listo?
Incapaz de resistir a tanto estímulo, la atrajo hacia sí cerrando la puerta de un taconazo. Con gesto precipitado le quitó la chaqueta que tiró sobre su silla única: su camisa transparentó un sujetador de encaje que amparaba a unos pechos profusos y fulgentes de los que Gonzalo casi no podía apartar la mirada. Con decisión, la cogió entre sus brazos y se fundieron en un beso como él no recordaba haber deseado nunca antes. Con destreza, ella le quitó la camisa y él, con alguna enganchada, le quitó la suya liberando así su piel tersa y sedosa de la que se desprendió un delicado perfume embriagador. Sin separarse de ella, sin interrumpir su apasionada unión oral, la acercó a la cama y, como buen romántico que se preciaba, en un gesto similar al que Clark Gable perpetuó con Ava Gardner en 'Mogambo', la agarró por la cintura para tumbarla lentamente sobre la cama, como a cámara lenta. Pero Gonzalo no era Clark Gable ni había ensayado antes ese movimiento sobre una cama tan baja: desequilibrados, se desplomaron sobre el lecho con tan mala fortuna que el cráneo de la pobre chica golpeó el cabezal de hierro. Pasaron la noche juntos, sí, pero en Urgencias: doce puntos de sutura en una brecha de siete centímetros que no atendió precisamente el equipo del Clooney.
Desde el día siguiente y los sucesivos, por más que se empeñó no consiguió saber nunca más de ella…

Por Víctor Pérez - © 2010 en adelante

El tango, el más horizontal de los bailes

2 comentarios:

Aire__Azul dijo...

¡ Pobre Gonzalo ! Con lo bien que empezaba para él. Bueno, no podía pensarlo todo por anticipo.
Me recordó una canción de Claude Nougaro : « Le cinéma» donde difce «Sur l’écran noir de mes nuits blanches où je me fais du cinéma...»
Me divertí mucho leyendo este cuento.
Gracias.

Anónimo dijo...

Hmmmm, algo más haría Gonzalito para que la chica no quisiera volver a verle.

Quizá fue que lo poco que cató la moza dejó mucho que desear. Un accidente es excusable, así que me huelo que algo más pasaría que Gonzalo no contó por vergüenza. O Gonzalo es un tanto torpón y encima no lo pilla.

¡Creo que vamos a tener que escuchar la versión de ella! Sospecho que va a ser muy diferente.

Tu amiga anónima.